En las ciudades europeas, el tráfico es el mayor contribuyente a la contaminación. Y dentro del tráfico, el peso recae sobre todo en los vehículos diésel, que llegan hasta el 50% de las flotas en algunos países y son con diferencia los mayores responsables del aumento de los niveles de NO2 y partículas en suspensión.
"El hecho de que la alcaldesa de París, Anne
Hidalgo, haya sido la primera en anticipar el prohibida circular a los
vehículos diésel por el centro de la ciudad es ya un ejemplo de cómo ha
aumentado la conciencia en Europa", asegura el profesor Frank Kelly.
"Como también lo es que David Cameron condicione la ampliación del
aeropuerto de Heathrow hasta que se tenga en cuenta el factor ambiental y de
calidad del aire".
"En Londres, en los años cincuenta, el smog estaba causado fundamentalmente por el uso del carbón", recuerda por su parte Benjamin Barratt. "Cuando la mayor responsabilidad empezó a recaer sobre el tráfico, la primera solución fue eliminar el plomo de la gasolina. Ahora que está comprobado que el diésel es el combustible más "sucio", el siguiente paso está muy claro".
"A diferencia de Asia, donde intervienen muchos
factores y la contaminación proviene muchas veces de lugares distantes, en
Europa el principal enemigo está perfectamente localizado y está causado por el
tráfico local", añade Barrat.
Un curioso experimento realizado por el King's College ha
demostrado que la contaminación urbana que se cuela en el interior de los
coches puede ser de tres a cinco veces más tóxica que el aire que se respira en
el exterior (si se compara con lo que respira un peatón o un ciclista).
"Los conductores no solo contribuyen al problema,
sino que son además quienes más directamente están expuestos", asegura
Barratt. "Revisar y limpiar los sistemas de ventilación puede proteger
hasta cierto punto el interior de los vehículos, pero el problema está muchas
veces en las emisiones del coche que va delante de ti".

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