El 70% de la lista de las 2.000 ciudades más contaminadas
están en Asia. Quince de las veinte primeras están o en China o en India, los
dos países más poblados del planeta, donde se están cociendo los grandes
problemas ambientales del siglo XXI.
Pakistán, Irán y Bangladesh puntúan también muy alto, y
la lista es seguramente incompleta por la falta de datos de las ciudades africanas,
que van por el mismo camino. El problema en las "megaciudades"
asiáticas es además múltiple: a la contaminación industrial y a las centrales
de carbón hay que añadir el polvo en suspensión de las construcciones, la
madera quemada en los hogares, la basura que arde en las calles y las flotas
anquilosadas de vehículos de altas emisiones cuya circulación estaría prohibida
en cualquier ciudad europea.
La boina contaminante (y la mascarilla protectora) es el
plan de cada día en las ciudades asiáticas, que padecen una versión tardía y
letal del smog que se respiraba en las ciudades europeas en plena
industrialización, multiplicada por una densidad mucho mayor. Con el
crecimiento imparable de las "megaciudades", el problema de la
contaminación es una auténtica bomba de relojería para la salud pública de los
países emergentes que puede comprometer su crecimiento económico.
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